¿Hace falta patentar las bicis?

Para poder promover el ciclismo urbano, se hace necesario facilitar el uso de la bici como forma de transporte a partir de infraestructuras y políticas específicas. Los gobiernos de muchas ciudades en el mundo están dedicando sus esfuerzos a construir esas condiciones a partir de bicisendas, sistemas de bicing y estacionamientos, entre otras acciones. Pero, como advierte un reciente informe del BID sobre cicloinclusividad, un exceso de regulaciones sobre los ciclistas, puede generar, paradójicamente, efecto contrario al objetivo de promover la bicicleta. Por ello, desde la Red de Ciclistas Urbanos, miramos con atención y preocupación cada vez que desde algún nivel estatal se intentan establecer regulaciones innnecesarias  y no demanadas al uso de la bici en la ciudad. En Rosario, recientemente el concejal Martín Rosua ha propuesto crear el “Registro Único de Bicicletas”, como una medida de protección para las bicis frente a robos y siniestros. Para nosotros, esta idea, además de innecesaria, está demasiado cerca de plantear que ahora las bicicletas tendrían patente.

En cuanto a evitar su robo, las bicicletas de marca ya traen un número de serie, de manera que la identificación existe, ya que con el número de cuadro en la factura se puede demostrar quién es el dueño. Actualmente esto no evita el robo, porque el número puede eliminarse con una herramienta adecuada y además, la bici puede venderse en partes, que en algunos casos pueden tener un valor superior al del cuadro. Desarmar una bicicleta es mucho más facil que desarmar un auto y esta es una gran virtud de la bici, pero que lamentablemente, facilita la reventa. Por otro lado el problema del recupero es complejo, un registro no garantiza la inmediata devolución de la bici, a no ser que medie una reforma normativa más profunda, sino que irremediablemente para recuperarla, habrá que pasar por trámites judiciales largos y complejos.

El robo de bicicletas es un problema a atender, pero no es ajeno al de la seguridad en general, mientras que tener que registrar la bicicleta, sobre todo de manera obligatoria, tendría como único impacto el desincentivo al uso de la bicicleta como transporte urbano. En este sentido el concejal se equivoca, donde la bicicleta tiene más relevancia en las políticas de movilidad es donde existen menos regulaciones a los ciclistas. Homologar las necesidades de la bici a las de los vehículos automotores no es la opción para fomentar el ciclismo urbano.

Quizás antes de plantear un registro de este tipo, las autoridades deberían esforzarse por saber más de las necesidades concretas de los ciclistas y por entender más sobre sus dificultades. Una ciudad con más bicicletas es una ciudad más segura, y para que haya más bicicletas en la ciudad, antes que registros hacen falta más bicisendas, más facilidades para la compra y para su estacionamiento y principalmente más controles sobre los automovilistas indolentes con los otros, que junto a políticas de seguridad que aborden el problema de manera integral en vez de compartimentarlos.

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